China ha dado un giro inesperado —al menos sobre el papel— en materia de privacidad. A través de una nueva normativa conjunta entre la Administración del Ciberespacio y el Ministerio de Seguridad Pública, se ha prohibido el uso del reconocimiento facial sin consentimiento expreso. Además, queda vetado su uso en espacios privados como habitaciones de hotel, baños públicos o vestuarios, en un movimiento que, aunque limitado, podría marcar un antes y un después en el debate sobre vigilancia tecnológica en el país.
Más control (pero no para todos)
Las nuevas reglas exigen que las organizaciones realicen una evaluación de impacto sobre la protección de datos personales antes de implantar esta tecnología. También deben garantizar la cifrado de los datos biométricos y auditar las prácticas de seguridad utilizadas para proteger la información.
Solo tras cumplir estos requisitos y obtener el consentimiento explícito del usuario, podrá utilizarse el reconocimiento facial. Ahora bien, como casi siempre en China, la letra pequeña es importante: estas restricciones no aplican a actividades de investigación ni al entrenamiento de algoritmos, lo que deja la puerta abierta a que se sigan usando rostros para entrenar inteligencias artificiales sin que el ciudadano lo sepa.
Y por supuesto, no se menciona si las agencias gubernamentales están exentas, lo cual, en el contexto de un país que ha usado esta tecnología para vigilar minorías étnicas, deja bastante claro por dónde van los tiros.
En paralelo: IA, navegadores patrióticos y ciberataques
Mientras China regula (o al menos lo aparenta), otros países de Asia también se mueven:
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India ha coronado a Zoho Ulaa como el navegador más patriótico, ganador de su Web Browser Development Challenge. La herramienta se integra con certificados emitidos por el gobierno para evitar depender de autoridades extranjeras. Aunque aún está por ver si logra hacerse un hueco en un ecosistema dominado por Google y sus socios locales como Jio.
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En Taiwán, un grupo apodado UAT-5918, con métodos similares a los de los conocidos Volt Typhoon y Flax Typhoon, ha atacado infraestructuras críticas. Su objetivo: persistencia a largo plazo y robo de credenciales.
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Japón ha presentado una polémica ley de ciberdefensa activa, que permitirá incluso operaciones ofensivas contra amenazas en el extranjero. El gobierno asegura que respetará la privacidad, aunque no todos los parlamentarios están convencidos.
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Elon Musk vuelve al ataque: X ha denunciado al gobierno indio por su política de eliminación de contenidos, alegando que vulnera la libertad de expresión.
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Y desde Australia, el think tank ASPI ha denunciado una campaña de acoso online por parte de trolls alineados con China tras publicar investigaciones críticas con Pekín.
¿Cambios reales o cosméticos?
La nueva normativa china sobre reconocimiento facial suena bien… si ignoramos que los vacíos legales parecen diseñados a propósito. La posibilidad de usar imágenes sin consentimiento para entrenar IA, sumada al silencio sobre el uso por parte del gobierno, hacen que esta ley tenga más de lavado de cara que de protección ciudadana.
Eso sí, si estás en China y vas a un hotel, al menos ahora sabrás que no te estarán escaneando la cara mientras duermes. Algo es algo.

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