Cuando se apaga el país: eléctricas, Gobierno y el precio de no tener el control

En el día de ayer, España vivió el 28 de abril de 2025 uno de los mayores apagones de su historia reciente, y hoy todavía nos estamos recuperando. Desde las 12:30 hasta las 23:30 h, millones de ciudadanos comprobaron lo frágil que es la red eléctrica nacional cuando nadie tiene realmente el timón.

En Kernel Reload ya hemos analizado las causas técnicas del apagón y la cronología del desastre. Ahora toca mirar más allá: responsabilidades, indemnizaciones, y un Gobierno que no puede ni quiere apagar el incendio político.

¿Qué (o quién) falló esta vez?

Todo apunta a un desequilibrio brutal en la red: demasiada producción fotovoltaica y una capacidad de transporte que no estaba preparada.
Durante las horas centrales del día, el volumen de energía solar inyectado fue tan alto que la estabilidad de la red se volvió insostenible.

  • El colapso no fue instantáneo: se venía avisando.

  • El 22 de abril, Repsol tuvo que desconectar una refinería por picos de producción solar.

  • Las líneas ferroviarias de alta velocidad como las de Chamartín registraron fluctuaciones de tensión en los días previos.

¿Conclusión?
La red eléctrica era un castillo de naipes esperando a caerse. Y el 28 de abril, se cayó.

¿Quién carga ahora con la culpa?

Los nombres no sorprenden a nadie:

  • Red Eléctrica (Redeia): responsable de gestionar la estabilidad del sistema.

  • Iberdrola, Endesa, EDP, Acciona Energía, Naturgy: generadoras y comercializadoras con intereses cruzados en la producción renovable.

  • El propio Gobierno: incapaz de adaptar la regulación ni reforzar infraestructuras en plena transición energética.

La responsabilidad puede ser:

  • Directa: si hubo negligencia en la operación o supervisión de la red.

  • Compartida: si la sobredemanda de renovables no se controló de forma coordinada.

  • Política: si la legislación permitió que el sistema llegase a este punto sin planes de contingencia.

El golpe económico ya ha empezado

La broma sale cara:

  • Indemnizaciones millonarias en el horizonte, tanto a empresas como a particulares.

  • Caída bursátil de Redeia y eléctricas, arrastrando a todo el IBEX en una jornada negra.

  • Proyectos de inversión congelados por miedo a una infraestructura nacional no fiable.

  • Desconfianza internacional justo cuando España presumía de ser "hub energético" de Europa.

Y por si fuera poco: el Estado podría verse obligado a asumir parte del coste vía SEPI, que posee un 20% de Redeia.

Un Gobierno sin luces (ni votos)

El apagón llega cuando:

  • El Gobierno de coalición no ha aprobado los Presupuestos Generales.

  • Los socios de investidura están desmarcándose abiertamente.

  • La credibilidad energética del Ejecutivo se hunde justo antes de un año electoral clave en Europa.

¿El dilema?

  • No puede culpar a Redeia sin hacerse daño a sí mismo.

  • No puede culpar solo a las eléctricas sin dinamitar la inversión privada.

  • Y no puede callarse porque la ciudadanía ya no compra excusas técnicas de manual.

Conclusión: la crisis energética se ha convertido también en crisis política.

Lo que nadie te cuenta sobre este apagón

La pregunta no es si fue un fallo técnico o un error humano.
La pregunta real es: ¿cómo llegamos al punto de saturar una red nacional con renovables sin reforzarla antes?

¿De verdad alguien pensó que podíamos duplicar la potencia solar instalada en dos años y seguir operando con los mismos transformadores y líneas de alta tensión de hace una década?

Lo que pasó el 28 de abril no fue un accidente:
Fue la consecuencia lógica de no planificar, de no coordinar, de no querer invertir en la parte aburrida de la transición energética.

Bienvenidos al futuro verde...
pero en penumbra.

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