El Papa Francisco ha vuelto a hacerlo. En su intención de oración de abril, ha soltado una de esas frases que resuenan más allá de los púlpitos: “La tecnología no puede beneficiar solo a unos pocos”. Esta vez, su diana no es la ciencia ni el progreso, sino la desigualdad digital que se está cocinando a fuego lento… y que huele a distopía.
Una crítica que incomoda (porque acierta)
Según el propio Francisco, las tecnologías emergentes deben estar “al servicio de la dignidad de las personas y del cuidado de la Casa Común”, en referencia a su encíclica ‘Laudato Si’. Pero lo que hay detrás de ese lenguaje papal es un mensaje claro: la IA, el Big Data y la automatización están creando brechas brutales.
Mientras algunos países y empresas juegan a entrenar modelos multimillonarios, la mayoría del planeta sigue sin acceso a conexión estable, alfabetización digital o derechos sobre sus propios datos. ¿Y quién levanta la voz desde una posición incómoda? Pues el jefe del Vaticano, nada menos.
¿Qué hace el Papa metiéndose en estos temas?
No es nuevo. Francisco ya habló de robots y ética en 2019, advirtió sobre los peligros del control algorítmico en 2021, y en 2023 impulsó el Rome Call for AI Ethics, junto a IBM y Microsoft. Es decir, lleva más tiempo hablando de IA que la mayoría de gurús tecnológicos que pululan por LinkedIn.
La diferencia es que no habla desde el negocio, sino desde la ética. Y en un mundo donde todo se mide en métricas, ROIs y escalabilidad, eso molesta. Porque plantea una pregunta que nadie quiere responder: ¿y si la tecnología no está mejorando el mundo, sino concentrando aún más el poder?
¿Tiene razón o está desfasado?
Depende de a quién preguntes. Para muchos, el Papa peca de ingenuidad, como si el desarrollo tecnológico pudiera frenarse con una intención de oración. Pero para otros, su papel es precisamente ese: poner en palabras lo que los tecnólogos no se atreven a decir en público.
Además, no está solo. Desde Timnit Gebru hasta Yuval Noah Harari, cada vez más voces alertan sobre el peligro de dejar que la innovación esté controlada por unos pocos gigantes corporativos. Y lo que dice Francisco, guste o no, resuena más que cualquier informe técnico del MIT.
Lo que nadie te cuenta sobre esto
Puede que el Papa no entienda cómo funciona una red neuronal, pero entiende mejor que nadie el poder narrativo de la tecnología. Y sabe que si no se le pone un relato alternativo a esta carrera por la supremacía algorítmica, nos comerán los modelos… y luego nos darán las gracias por participar.

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