Desde que la IA empezó a sermonear por YouTube y los nazarenos venden NFT de penitencia en OpenSea, uno ya no sabe si vive la Semana Santa o una simulación mal renderizada en Unreal Engine. Este año decidí probar algo distinto: experimentar las procesiones desde el metaverso. Spoiler: acabé bailando sevillanas con un furry, viendo milagros pixelados y compartiendo torrijas virtuales que sabían a código fuente.
Entrando en la Jerusalén digital
Todo empezó con una notificación en mi visor de realidad mixta: “Nueva experiencia inmersiva: La Pasión de Cristo en VRChat”. Me dio curiosidad. Total, ya había visto suficientes series de romanos como para saber cómo acababa aquello. Me conecté, elegí un avatar más o menos digno (terminé con una túnica egipcia y sandalias de gladiador) y me metí en un servidor titulado “HolyWeekRP_ESP24”. Mal presagio.
Lo primero que me sorprendió fue la ambientación: calles de Sevilla recreadas con un nivel de detalle que ni Google Maps. Lo segundo, que todo iba a 15 fps porque alguien había decidido añadir incienso dinámico con partículas físicas. Lo tercero, que el Cristo lo llevaba un chaval con voz de pito que decía “¡tirad parejo, que se descuajaringa!”.
Penitentes con jetpack y saetas autotuneadas
La experiencia se volvió definitivamente lisérgica cuando aparecieron los penitentes. En lugar de andar en silencio, iban en hoverboards, soltando frases de penitencia por el chat de voz. Uno me soltó un “Yo me flagelo por los bugs del sistema”. Otro llevaba un cartel que ponía “Procesiono por la fibra que nunca llegó”.
Y cuando creía que no podía ir a peor, llegó la saeta. Pero no una saeta normal. Era una versión trap, con autotune y base de reggaetón, cantada por una IA entrenada con Rosalía y Camarón. Un poema.
Milagros con lag y resurrecciones bugueadas
El momento culminante fue la crucifixión. Allí estaba el Cristo digital, en lo alto del Monte Calvario... que en realidad era una réplica de una terraza de hotel con vistas a la Giralda. Cuando resucitó al tercer frame, todos los asistentes empezaron a lanzar confeti y emojis de “Amén”.
Un bot andaluz gritó: “¡Milagro validado en blockchain!”. Yo, entre atónito y fascinado, intenté compartir la experiencia, pero el botón de “compartir en redes” solo generaba un QR que enlazaba a una tienda de merchandising.
Torrijas virtuales y pecados en microtransacciones
La experiencia terminó en una taberna virtual donde los usuarios podían comer torrijas (NFT comestibles por 3,99 €) y confesar sus pecados vía chatbot. El mío fue haber pagado por esa experiencia. Pero, mira, al menos el bot me absolvió con un emoji de thumbs up.
Lo que nos espera
Entre el postureo religioso y la monetización de la fe en formato interactivo, la Semana Santa del metaverso no deja indiferente. ¿Tradición o parodia digitalizada? No lo sé. Pero si algún día ves a un nazareno flotando por tu pasillo mientras canta una saeta en coreano, no te asustes. Solo es Semana Santa... versión 4.0.

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