Me fui de procesión con mi smartwatch y esto fue lo que aprendí

No era la idea original. Yo solo quería salir, ver el paso, disfrutar del ambiente y volver a casa con los pies doloridos y el alma ligeramente conmovida. Pero no. Decidí llevar mi smartwatch y analizarlo todo: pasos, pulsaciones, sueño, estrés… lo que viene siendo una Semana Santa cuantificada.

Primeras métricas: el infierno del sedentarismo

Llego a la plaza a las 19:02. Mi reloj vibra: “Llevas demasiado tiempo sentado”. Empiezo bien. El paso aún no ha salido y ya estoy siendo juzgado por un algoritmo. Decido ignorarlo. El algoritmo también ignora que estoy rodeado de 300 personas intentando coger sitio como si fuera un Black Friday litúrgico.

Ritmo cardíaco vs. banda sonora de cornetas

19:47. Aparecen los primeros nazarenos. La música arranca, y con ella… mi ritmo cardíaco. Paso de 65 a 92 ppm en segundos. El reloj lo interpreta como actividad física moderada. Yo lo interpreto como emoción. El reloj no sabe de fe, pero sí de taquicardias.

Contador de pasos (spoiler: muchos)

Entre recovecos, rodeos y escapadas para ver mejor, a las 22:30 llevo 13.746 pasos. Mi smartwatch me felicita con una animación ridícula. Una copa virtual que ni puedo beber. Me lo tomo con filosofía: si me cruzo con el costalero jefe, le enseño la pantalla y que se ría también.

Nivel de estrés: en ascenso

¿Estrés? Claro que sí. El reloj no sabe si estoy viviendo una experiencia religiosa o atrapado en una rave andaluza. Mis niveles de estrés suben a la vez que el incienso. Estoy a punto de hacerme ateo si no encuentro una salida a esa calle estrecha.

El gran final: sueño de calidad dudosa

Llego a casa a las 00:12. Me ducho, ceno lo que encuentro en la nevera y me tumbo. El smartwatch detecta “sueño ligero”. Yo detecto “agotamiento procesional”. A las 03:14, según el reloj, entro en fase REM. No recuerdo nada… salvo un tambor que resuena en mi subconsciente.


Conclusión: la Semana Santa no se mide en pasos, pero impresiona verlos

No necesitas un smartwatch para disfrutar de una procesión. Pero si te lo pones, descubrirás que la fe mueve montañas… y también activa sensores, registra emociones y te da datos para un artículo.

Y eso, la verdad, no está nada mal.

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