Sí, leíste bien. Volkswagen —el mismo que hace pocos años protagonizó el escándalo de emisiones— ahora quiere llevarte por Los Ángeles en una furgoneta eléctrica sin conductor. Porque nada dice “confianza ciega” como un robotaxi manejado por un software que aún no ha sobrevivido al tráfico de la 405 en hora punta.
VW ID Buzz: de la nostalgia hippie al robot de movilidad urbana
El ID Buzz, esa reinvención eléctrica de la mítica Kombi, se convierte en el caballo de Troya de VW para invadir el mercado estadounidense de movilidad autónoma. Pero no cualquier Buzz: hablamos del modelo largo, con siete plazas, ideal para que la IA tenga más margen de error entre gritos y vómitos de pasajeros en tránsito.
VW dice que serán “miles” de vehículos desplegados en los próximos años. Tranquilo, primero empezarán con pruebas en 2024, con un humano vigilando desde el asiento del piloto. Por si acaso.
Uber: de app de taxis a plataforma de flotas autónomas con nombre de startup genérica
Uber lleva tiempo diversificando su dependencia de humanos que conducen como si estuvieran en “Rápidos y Furiosos”. Ya tiene acuerdos con Waymo, Motional y otros con nombres de empresa que suenan a herramienta de IA en fase beta. Y ahora suma a VW a su catálogo de opciones sin conductor (pero con muchos disclaimers legales).
La idea es simple: Uber no quiere tener que construir nada. Solo quiere ser la tienda online donde eliges si hoy quieres que te recoja Waymo, un dron de Nuro o una furgoneta alemana cargada de sensores.
VW: un historial de pruebas, fracasos y spin-offs con nombres cool
Aunque no lo parezca, VW lleva más de una década con el piloto automático puesto (literalmente). Primero con Argo AI (que terminó cerrando), luego con Mobileye (propiedad de Intel), y ahora con sus dos nuevas joyas internas: Moia y Cariad.
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Moia: la startup interna que hace ride-pooling en Hamburgo desde 2017. Básicamente, minibuses compartidos con Wi-Fi y promesas de puntualidad.
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Cariad: el Frankenstein de software autónomo de VW, que ha tenido más despidos que líneas de código limpias. Pero sigue en pie, milagrosamente.
La diferencia está en la fábrica, no en el código
Christian Senger, CEO de Volkswagen Autonomous Mobility (otra subsidiaria más para el bingo), lo dice claro: “Lo que nos diferencia es la fabricación a gran escala”. O sea, que ellos pueden sacar miles de vehículos de las plantas sin que exploten… en teoría.
Pero en un sector donde el software lo es todo, decir que fabricas bien no alcanza. Pregúntenle a Apple con su coche invisible o a Tesla con su promesa de FSD que siempre llega “el año que viene”.
Lo que nadie te cuenta sobre esto
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Uber no controla ninguno de estos coches. Solo te los pone en el menú.
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VW no ha demostrado que su software pueda operar sin humanos en tráfico real.
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Todo esto depende de reguladores que aún no deciden si confían más en una IA o en un taxista con cinco cafés encima.
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La verdadera pelea es por los datos, no por los pasajeros. Uber quiere saberlo todo. VW también.
Conclusión sin frenos:
Volkswagen y Uber se suben al carro de los robotaxis, pero este carro todavía no tiene volante funcional. Mucha promesa, mucho prototipo, y un mercado que aún no sabe si quiere subirse a una furgoneta sin conductor o si prefiere seguir odiando al taxista de siempre. El futuro está cerca, pero no tan cerca como dice la nota de prensa.

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