¿Recuerdas cuando Zuckerberg anunció que cambiaría el nombre de su empresa a Meta y todos los medios proclamaron la llegada del futuro? Avatares, reuniones virtuales, conciertos en 3D, NFT que te daban identidad… Pues bien, bienvenidos a 2025: el metaverso sigue vivo, pero con respiración asistida y sin visitas desde hace meses.
Lo que iba a ser la nueva internet se convirtió en el nuevo Second Life, pero sin carisma ni mods. ¿Por qué? Porque en lugar de construir algo deseable, construyeron algo presentable para inversores.
La gran ironía: prometieron un mundo sin límites… y crearon una oficina
Mientras nos vendían experiencias inmersivas, lo que lanzaron fue un catálogo de salas de reuniones en 3D con avatares sin piernas y texturas de videojuego de 2007. ¿Quién demonios pidió eso?
Zuckerberg creyó que la gente quería escapar del Zoom para meterse en un Zoom con cascos. Las empresas lo compraron porque “parecía el futuro”. Pero los usuarios duraron menos que una suscripción a Apple TV+.
La UX del metaverso: lags, bugs y náuseas
Nadie quiere socializar en un entorno donde moverse da mareo, escribir cuesta tres minutos y el avatar del compañero de curro parece un Playmobil con crisis existencial.
El problema no era la tecnología. Era el absoluto desinterés por crear algo que no parezca una demo eterna de PowerPoint con shaders.
Y no hablemos de la moda de vender terrenos virtuales por miles de euros. Literalmente vendieron humo renderizado.
El metaverso no está muerto. Está esperando a que alguien le dé un alma
La idea de un espacio virtual persistente, compartido y creativo sigue teniendo potencial. El problema es que se lo dejamos a consultores de innovación y managers de producto, en lugar de a diseñadores de experiencias, comunidades reales o creativos digitales.
Hoy, la gente ya vive en mundos virtuales. Se llaman Discord, Roblox, Fortnite, Minecraft. Lugares donde la identidad digital tiene sentido porque nace del uso, no del PowerPoint de una keynote.
Lo que nadie te cuenta sobre esto
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El metaverso no fracasó por falta de tecnología. Fracasó por exceso de corporativismo.
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Los usuarios no entran a mundos virtuales para trabajar. Entran para escapar.
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Zuckerberg confundió visión de futuro con simulacro de control.
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La estética corporativa mató la inmersión antes de que el visor se calentara.
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El metaverso necesita menos inversores y más modders.
Conclusión sin render
El metaverso no está muerto. Solo está en coma inducido por ejecutivos que nunca jugaron un MMO, pero quieren monetizar uno. Mientras tanto, la gente que sí entiende lo virtual sigue creando mundos que importan. Y lo hace sin necesitar que sus avatares tengan reuniones o paguen hipotecas virtuales.
Cuando vuelva el metaverso —porque volverá—, no será con traje, sino con skin.

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