Lo vendieron como una revolución tecnológica. Como el nacimiento del “Coloso”, el superordenador más poderoso del planeta, cortesía de Elon Musk y su empresa xAI. Pero para los vecinos de Boxtown, un barrio históricamente golpeado por la contaminación industrial, este “avance” tecnológico huele —literalmente— a gas quemado, enfermedad y desigualdad.
IA de última generación, turbinas de siglo pasado
Para alimentar a Grok, su chatbot “anti-woke” (porque claro, hay que politizar hasta los bits), Musk instaló 35 turbinas a gas en un viejo edificio industrial de Memphis. Resultado: emisiones masivas de óxidos de nitrógeno, formaldehído y partículas ultrafinas que atraviesan los pulmones y se meten en la sangre.
¿La parte brillante? No tienen permisos de emisión aprobados. xAI se habría amparado en un resquicio legal para turbinas temporales. Solo que no son tan “temporales” cuando ya llevan meses funcionando y piden permiso para instalar 15 más. ¿El resultado? Podrían convertirse en una de las mayores fuentes de contaminación del condado.
Una comunidad sacrificada (otra vez) en nombre del “progreso”
Boxtown y sus alrededores no son novatos en esta lucha. Ya han batallado contra refinerías, plantas de acero, y hasta oleoductos. Pero esta vez pelean contra el hombre más rico del mundo, con el respaldo tácito del gobierno federal y de una administración Trump que desmantela regulaciones ambientales al ritmo que las tecnológicas instalan turbinas.
Mientras la administración del alcalde Paul Young aplaude la inversión y los “cientos de empleos”, los residentes se preguntan qué clase de trabajo deja un data center que, por lo general, necesita más refrigeración que personal humano.
IA sí, pero con smog
La narrativa es clara: tecnología de punta a cambio de aire envenenado. Porque detrás del márketing de “hacer de Memphis un hub de innovación”, lo que hay son toneladas de contaminantes lanzados sobre barrios negros y empobrecidos. La misma historia de siempre, ahora con GPU.
Y sí, xAI promete instalar filtros y tecnologías de mitigación. Pero ¿por qué operar sin permiso primero y pedirlo después? ¿Por qué instalar antes de consultar?
Lo que nadie te cuenta sobre esto
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xAI no solo consume energía, también compite con los hogares locales por la electricidad. Ya recibe 150 MW de la red, y pidió otros 150. Esto en una ciudad con cortes de energía recurrentes.
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Los empleos prometidos rara vez son tecnológicos. Lo habitual: seguridad, limpieza y mantenimiento. Lo estratégico se queda en Silicon Valley.
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El aire de Memphis ya estaba en crisis. La zona tiene una de las peores calificaciones por ozono del país y una tasa alarmante de hospitalizaciones por asma infantil.
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La falta de permisos no es una excepción, es la norma. Empresas como xAI juegan al límite sabiendo que las regulaciones están siendo desmontadas desde arriba.
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Este no será el último Coloso. Si esta jugada cuela, prepárate para más supercomputadoras contaminantes en barrios pobres de todo EE.UU.
Conclusión clara: si la IA necesita destruir comunidades para funcionar, no es progreso, es extractivismo digital
Lo de Memphis no es una anécdota, es un modelo en expansión. Cuando la tecnología se instala sin escuchar, sin permisos y sin respeto por la salud pública, deja de ser innovación y se convierte en otro motor de desigualdad.

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