Cuando Elon Musk compró Twitter en 2022 y lo rebautizó como “X”, prometió un Internet libre, “abierto a todas las voces”. Hoy podemos confirmar que cumplió: en su red social no solo caben influencers, bots y teorías conspiranoicas. También hay espacio VIP para grupos terroristas sancionados por EE. UU. Y no solo están presentes, pagan por estar ahí.
Terroristas con palomita azul: ¿libertad de expresión o modelo de negocio?
Un nuevo informe del Tech Transparency Project (TTP) destapa que cuentas asociadas a Hezbolá, Hamás, los Hutíes y otros grupos islamistas operan con cuentas premium en X. ¿Qué significa eso? Que están pagando los 8 dólares mensuales para obtener verificación, prioridad algorítmica y más difusión.
Sí, leíste bien. Mientras tú te preguntas si vale la pena pagar por editar un tuit, los líderes de grupos terroristas disfrutan de beneficios exclusivos en la red social de Musk. Algoritmos trabajando a favor de la propaganda extremista. Y Musk, sonriendo en algún plató hablando de “libertad”.
Reincidentes sin vergüenza (ni filtros)
Esto no es nuevo. En febrero de 2024, el mismo TTP ya había denunciado lo mismo. Entonces, X borró algunas cuentas. Pero como en una mala secuela de Whack-a-Mole, los perfiles reaparecieron en semanas. Con nueva palomita, nueva propaganda, y las mismas conexiones con organizaciones terroristas prohibidas por la OFAC (la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE. UU.).
Recordatorio legal rápido: es ilegal que una empresa estadounidense reciba dinero de entidades sancionadas, salvo que tenga una licencia explícita. Spoiler: X no tiene ninguna que sepamos.
¿Dónde está el control de identidad? Ah, claro, es Musk
Parte del problema es estructural: X ha reducido al mínimo cualquier tipo de verificación real. No importa si eres un troll, un dictador o un líder terrorista. Si pagas, tienes palomita. Y si pagas más, tienes más visibilidad. Una lógica de mercado puro aplicada a uno de los temas más sensibles en geopolítica global.
Mientras tanto, cuando medios como Gizmodo investigan y verifican estos perfiles, X no responde. No aclara, no corrige, no niega. Solo cobra.
La farsa de la “neutralidad”
La defensa habitual en estos casos es predecible: “no apoyamos sus ideas, defendemos la libertad de expresión”. Pero esto no es neutralidad: es monetización activa de la propaganda extremista. Porque permitirles pagar por amplificar su mensaje no es libertad, es complicidad económica. Y en el contexto de sanciones internacionales, también puede ser complicidad penal.
Lo que nadie te cuenta sobre esto
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X no solo permite que estos grupos estén en la plataforma; los recompensa. Con mejor difusión, con sugerencias algorítmicas y con acceso a una audiencia global.
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La verificación ya no verifica nada. Es solo una etiqueta pagada. ¿Confirma identidad? No. ¿Protege a usuarios? Tampoco. ¿Sirve como propaganda? Absolutamente.
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Esto no es solo una anécdota, es un modelo de negocio. Si mañana un cartel de narcotráfico paga por 50 cuentas premium, ¿alguien lo detendría? Spoiler: no.
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Las sanciones están en juego. Esto no es solo un escándalo reputacional. Puede convertirse en una bomba legal y financiera si el Departamento del Tesoro decide actuar.
Conclusión: Musk creó un club premium para extremistas
El discurso de “libertad absoluta” de Musk ha degenerado en una distopía donde quien paga, manda, sin importar si ese alguien lidera una organización sancionada por terrorismo. Lo que antes era un problema de moderación de contenido, ahora es un problema de financiación directa a actores hostiles.
X no es solo una plataforma. Es un megáfono alquilado al mejor postor. Y en este momento, algunos de esos postores tienen en su historial más bombas que tu timeline en fin de año.

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