Tesla Robotaxis: el experimento distópico de Musk que podría acabar en juicio (otra vez)

Austin será la ciudad laboratorio donde Elon Musk lanzará su último experimento de dudosa ética: una flotilla de robotaxis Tesla Model Y sin conductor humano activo, impulsados por su controvertido software Full Self-Driving. Porque claro, cuando tu empresa empieza a perder terreno frente a los chinos, ¿por qué no meter más coches autónomos en la vía pública?


La fe ciega de Musk en las cámaras baratas

Mientras Waymo o Cruise apuestan por sensores LIDAR, mapas de alta definición y redundancia de seguridad, Elon insiste en que solo necesitas “cámaras y red neuronal” para resolver la conducción urbana. Básicamente, el plan es que el coche vea como un humano… pero con el criterio de un adolescente que ha dormido poco y leído demasiados tuits conspiranoicos.

Y esto sin haber demostrado que su software no se lleva por delante peatones, ciclistas o postes de luz.


Full Self-Driving: nombre rimbombante, resultados preocupantes

FSD, que por cierto no es “full” ni “self-driving”, ya acumula una ristra de accidentes, demandas y vídeos virales de coches que frenan sin sentido o giran hacia donde no hay calle. El ingeniero Dan O’Dowd —no precisamente un fan de Tesla— ha invertido dinero de su bolsillo en anunciar sus fallos durante el Super Bowl, y según sus propias pruebas:

“80 minutos conduciendo en Santa Bárbara, 7 fallos graves. Sin conductor humano, habría habido choques”.

Pero claro, esto no detiene a Musk, que mientras hace campaña por Trump y despide personal a ritmo industrial, empuja una narrativa de futuro autónomo como si fuera inevitable. Spoiler: no lo es, y mucho menos en manos de alguien que recorta sensores por ahorrar en costes.


Austin: el campo de pruebas involuntario

Musk planea soltar hasta 20 robotaxis en Austin el mes que viene. El objetivo: montar una especie de Uber autónomo con Model Ys que, con suerte, no atropellen a nadie en las primeras semanas.

¿Hay regulación clara? No.

¿Hay datos públicos verificables sobre seguridad? Tampoco.

¿Hay una estrategia de comunicación en caso de desastre? Apostamos que será un tuit críptico con memes.


La jugada financiera detrás del suicidio técnico

La realidad es que Tesla necesita una historia que contarle al mercado. Las ventas bajan, los márgenes se reducen, y la competencia en China (BYD y compañía) está comiéndose su pastel. El robotaxi es la nueva narrativa mágica. Aunque aún no funcione, aunque aún mate.

Es la lógica de Silicon Valley: fake it till you kill someone.


Lo que nadie te cuenta sobre esto

  • El nombre Full Self-Driving es legalmente engañoso, pero la NHTSA aún no lo ha prohibido.

  • Tesla está monetizando el riesgo: cobra $99 al mes por un sistema que no garantiza seguridad.

  • Austin no fue consultada: los ciudadanos serán beta testers sin sueldo, sin consentimiento y con riesgo real.

  • Si algo falla, la culpa será del conductor “supervisor”, aunque el coche haya tomado la decisión.

  • La política lo protege: en Texas, la regulación tecnológica está diseñada para no estorbar a Musk.


Conclusión clara: Los robotaxis de Tesla no son el futuro, son un piloto fallido con consecuencias potencialmente mortales. Y si alguien resulta herido, Musk ya tiene listo su megáfono para culpar a “la prensa corrupta” o “la burocracia”.

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