Ni comunicado oficial, ni nota de prensa, ni un “hasta luego”. Microsoft Rus LLC, una de las filiales de la compañía en Rusia, acaba de anunciar en silencio su intención de declararse en quiebra. La noticia apareció en Fedresurs, el boletín oficial ruso de insolvencias, como quien deja una carta de despedida pegada a la nevera.
Nada de bombo. Solo burocracia.
De proveedor estratégico a enemigo geopolítico
Desde la invasión de Ucrania en 2022, las tecnológicas occidentales han ido huyendo de Rusia como de una reunión en Teams los viernes a las 18h. Google fue una de las primeras en irse, empujada por el bloqueo de cuentas y la imposibilidad de pagar nóminas. Ahora le toca a Microsoft.
Lo irónico es que la compañía de Redmond aguantó más de lo esperado. Incluso después de retirar las apps de RT y cortar la publicidad para medios estatales rusos, siguió ofreciendo ciertos servicios “clave”. Pero la presión ha ido in crescendo. Esta misma semana, Putin pidió “estrangular” a Microsoft y Zoom para que las alternativas locales tomen el control. Spoiler: esas alternativas aún están en fase PowerPoint.
No solo es política, también es negocio
La decisión de irse tiene menos de heroísmo y más de cálculo frío: el mercado ruso ya no da ni para actualizar el Excel. En junio de 2022, Microsoft ya anunció una drástica reducción de operaciones. Dos años después, la quiebra formal es solo el cierre contable de una retirada anunciada.
La subsidiaria que entra en bancarrota es Microsoft Rus LLC, pero aún hay otras tres: Microsoft Development Centre Rus, Microsoft Mobile Rus y Microsoft Payments Rus. Nadie sabe si seguirán operando, serán absorbidas o simplemente desaparecerán en la niebla digital rusa.
Lo que nadie te cuenta sobre esto
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Microsoft no está “cerrando” su negocio: está usando la quiebra como herramienta de salida ordenada.
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No es la única: Google, Meta, Amazon... todas están fuera o en retirada.
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Rusia, por su parte, quiere reemplazar Silicon Valley con desarrolladores patrióticos. Spoiler: no hay tantos.
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La guerra ya no solo se libra en los frentes: el software también es terreno hostil.

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