Una investigación de Reuters, basada en documentos internos
de Meta, ha revelado que la empresa estima que cerca del 10 % de sus
ingresos publicitarios en 2024 —equivalentes a unos 16.000 millones de
dólares— provendrían de anuncios “de alto riesgo”, es decir, estafas,
bienes prohibidos o campañas engañosas que se difunden en sus plataformas.
Algunos de los datos más llamativos:
- Meta
proyectaba que de sus ingresos totales de 2024, un 10,1 % podrían provenir
de anuncios fraudulentos o de bienes prohibidos.
- Un
documento interno estima que cada día se muestran en sus plataformas
alrededor de 15.000 millones de anuncios de “alto riesgo”.
- La
empresa exige una certeza del 95 % para considerar que un
anunciante que publica “scams” debe ser bloqueado automáticamente. Si no
llega al 95 %, pero hay sospechas, Meta opta por subirle el precio de los
anuncios como penalización.
- En
uno de los documentos se afirma que “es más fácil anunciar estafas en las
plataformas de Meta que en las de Google LLC”.
- Meta
ha reconocido los documentos pero los ha calificado como “una visión
selectiva” que no refleja todos sus esfuerzos.
¿Por qué importa para todos nosotros?
Aunque este dato —“10 % de los ingresos de Meta” o “15.000
millones de anuncios al día”— pueda parecer técnico, tiene implicaciones reales
para los usuarios y para la confianza en los medios digitales:
- Cuando
una plataforma acepta anuncios fraudulentos (estafas, ofertas falsas,
timos de premios, productos prohibidos), los usuarios quedan más
expuestos a engaños, pérdidas económicas o fraudes de todo tipo.
- La
publicidad es la base del modelo de negocio de Meta: si una parte
relevante es dudosa o marca “gris”, eso plantea preguntas sobre la
responsabilidad de la empresa y el nivel de control que ejerce sobre
lo que se publica.
- Las
empresas que anuncian en estas plataformas (marcas legítimas) pueden estar
compitiendo en el mismo espacio que los estafadores; eso genera un
problema de confianza para el sector publicitario.
- Desde
una perspectiva de usuario, nos recuerda que no todos los anuncios son
iguales: algunos pueden llevar a webs o aplicaciones que están diseñadas
para estafar, incluso dentro de redes sociales “fiables”.
¿Cómo funciona este sistema según los documentos?
Para explicarlo de forma sencilla:
- Meta
tiene algoritmos y sistemas para detectar anuncios que pueden ser estafas.
Pero esos sistemas solo bloquean automáticamente cuando están muy seguros
(alrededor del 95 % de certeza) de que el anunciante es un scam.
- Si
el sistema tiene dudas, lo que hace no es siempre bloquear, sino que cobra
más caro al anunciante sospechoso (“penalty bid”) para tratar de que
deje de publicar o reduzca su actividad. Pero mientras tanto, esos
anuncios se siguen mostrando.
- Además,
las plataformas de Meta utilizan sistemas de personalización de anuncios:
cuando un usuario hace clic en un anuncio fraudulento, el sistema lo
considera “interesado” y puede mostrarle más de este tipo de
contenidos.
- Pese
a que la empresa asegura que está tomando medidas, los documentos muestran
que la reducción de estos anuncios fraudulentes tiene un límite: por
ejemplo, se menciona una barrera interna que indica que no se pueden tomar
acciones que reduzcan los ingresos en más del 0,15 % sin revisión
adicional.
¿Cuáles son los riesgos y desafíos?
Este asunto plantea varios retos, tanto para los usuarios
como para reguladores:
- ¿Está
Meta haciendo lo suficiente para eliminar estos anuncios fraudulentos? Los
documentos sugieren que, al menos durante años, la prioridad era no dañar
los ingresos más que eliminar riesgos.
- ¿Cómo
garantizar que los sistemas de subidas de “precio penalizado” no se
conviertan en una forma de monetizar el fraude en lugar de contenerlo?
- ¿Qué
mecanismos regulatorios y legales deben existir para que las plataformas
asuman responsabilidad cuando facilitan anuncios engañosos?
- ¿Qué
papel juega la transparencia hacia los usuarios? Si el anuncio parece
legítimo, ¿cómo puede el usuario diferenciarlo? ¿Qué educación digital es
necesaria?
- ¿Qué
impacto tienen estos anuncios para las marcas que se anuncian
legítimamente y para la confianza del ecosistema publicitario?
¿Y ahora qué puede cambiar?
Algunas de las posibles respuestas o vías que se están
contemplando:
- Reguladores
en EE. UU., Reino Unido y Europa ya han señalado a Meta como objeto de
escrutinio por este tipo de prácticas.
- Las
plataformas pueden mejorar sus filtros de detección, reducir los umbrales
de tolerancia a anuncios sospechosos y aumentar la transparencia hacia los
usuarios (“¿por qué me aparece este anuncio?”).
- Las
marcas pueden evaluar con más cuidado dónde anuncian, qué plataformas
usan, y exigir mejores garantías de “marca segura”.
- Los
usuarios pueden incrementar su cultura digital: entender que no
todos los anuncios son fiables, revisar URL, reputación del anunciante, y
reportar cuando se detectan estafas.
Conclusión
La investigación sobre Meta revela que una parte
significativa de sus ingresos publicitarios podría provenir de anuncios que los
propios documentos de la compañía califican como “alto riesgo” o directamente
fraudulentos. Esa realidad cambia la forma en que podemos mirar la publicidad
digital: no solo como un medio para ver ofertas o productos, sino también como
un espacio que puede facilitar estafas y engaños si los controles no son
suficientemente estrictos.
Para nosotros como usuarios: vale la pena estar alerta. Y
para las marcas o anunciantes: merece la pena replantear dónde invertir y con
qué garantías.
Porque detrás de cada anuncio que aparece en una red social hay decisiones,
algoritmos y modelos de negocio que influyen en lo que vemos, compramos y, en
ocasiones, en lo que podemos perder.
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