OpenAI cierra Sora seis meses después de lanzarla y cancela el acuerdo de mil millones con Disney


OpenAI anunció este martes el cierre de Sora, su aplicación de generación de vídeo con IA que llegó a lo más alto del App Store de Apple apenas seis meses después de su lanzamiento. Con el cierre de la app llega también el fin del acuerdo con Disney, una operación que incluía una inversión de mil millones de dólares y el acceso a más de 200 personajes icónicos del universo Disney, Marvel, Pixar y Star Wars. El dinero nunca llegó a cambiar de manos.

El comunicado de OpenAI fue escueto: "Nos despedimos de Sora. A todos los que crearon con Sora, lo compartieron y construyeron comunidad a su alrededor: gracias. Lo que hicisteis importó, y sabemos que esta noticia es decepcionante." La app, la API y Sora.com serán cerrados, aunque la empresa prometió compartir más detalles sobre cómo preservar el trabajo creado por los usuarios.

Cómo llegó Sora hasta aquí

OpenAI presentó Sora en febrero de 2024 como un modelo de generación de vídeo desde texto que producía resultados visualmente sorprendentes. La primera versión pública llegó en diciembre de ese año, y en septiembre de 2025 la empresa lanzó Sora 2, una versión significativamente más potente que generaba clips más largos, más realistas y con nuevas funciones como los cameos, que permitían a los usuarios aparecer junto a personalidades famosas en vídeos generados.

Esa segunda versión disparó la descarga de la app hasta llevarla al número uno del App Store. La velocidad de adopción superó a la de ChatGPT en sus primeras semanas. Parecía el inicio de algo grande.

En enero, las descargas habían caído un 45%. La caída fue tan rápida como la subida.

Por qué cerró

OpenAI citó oficialmente la necesidad de redirigir recursos de cómputo hacia prioridades más estratégicas. En términos más concretos, el equipo de investigación de Sora continuará trabajando, pero en simulación del mundo físico para aplicaciones de robótica, no en generación de vídeo para consumo social.

Hay varias lecturas posibles de esa decisión. La primera es de negocio puro: las descargas se desplomaron, la retención era baja y el consumo de cómputo era muy alto. Generar vídeo de alta calidad es computacionalmente mucho más caro que generar texto, y en un momento en que todas las empresas de IA frontera compiten por la misma capacidad de procesamiento escasa, mantener un producto con métricas de usuario en caída libre tiene un coste de oportunidad enorme.

La segunda lectura es de posicionamiento estratégico. OpenAI está preparando su salida a bolsa, que podría llegar antes de que acabe 2026. En ese contexto, la empresa está concentrando sus apuestas en los productos con mayor potencial de ingresos empresariales estables: herramientas de código, clientes corporativos, infraestructura de API. Los productos de consumo con monetización difusa y problemas de moderación constantes son exactamente lo contrario de lo que un inversor quiere ver antes de un IPO.

La tercera lectura tiene que ver con los problemas que Sora nunca resolvió del todo. Desde su lanzamiento fue objeto de críticas por la proliferación de deepfakes, imágenes no consensuadas y lo que la industria llama AI slop: vídeo de baja calidad generado en masa que inunda las redes sociales sin aportar valor. OpenAI tuvo que bloquear activamente la generación de vídeos de figuras públicas como Martin Luther King Jr., Michael Jackson o Mister Rogers después de que familias y sindicatos de actores protestaran públicamente. La brecha entre lo que el modelo podía hacer técnicamente y lo que era aceptable socialmente nunca se cerró del todo.

El episodio Disney, o cómo se hace un rug pull de mil millones

La historia del acuerdo con Disney es la parte más llamativa del cierre y la que mejor ilustra la velocidad a la que OpenAI tomó la decisión.

El trato se anunció en diciembre de 2025: Disney invertiría mil millones de dólares en OpenAI y licenciaría más de 200 personajes para que los usuarios de Sora pudieran crear vídeos con ellos. Era un acuerdo simbólicamente importante porque Disney, una empresa históricamente muy protectora de su propiedad intelectual, estaba apostando públicamente por la generación de vídeo con IA como herramienta creativa.

El lunes por la noche, el equipo de Disney y el de OpenAI estaban trabajando juntos en un proyecto vinculado a Sora. Treinta minutos después de terminar esa reunión, el equipo de Disney recibió la noticia de que OpenAI cancelaba la herramienta. La fuente citada por Al Jazeera lo describió directamente: "Fue un rug pull enorme." El dinero nunca llegó a transferirse.

Disney respondió con el diplomático comunicado corporativo de rigor: respetan la decisión de OpenAI de salir del negocio de generación de vídeo, aprecian la colaboración y seguirán explorando plataformas de IA. Lo que el comunicado no dice, pero que la situación deja implícito, es que la empresa había comprometido recursos internos a un proyecto que terminó de un día para otro.

Lo que viene después

OpenAI no está saliendo del negocio de la IA de vídeo en el sentido de abandonar la tecnología. El equipo de investigación de Sora seguirá trabajando en simulación del mundo físico como base para el desarrollo de robótica. Es una apuesta más a largo plazo pero potencialmente más rentable que una app de vídeo social con problemas de moderación.

ChatGPT tampoco generará vídeo a partir de texto a partir del cierre. Eso es un retroceso de capacidad para los usuarios de la plataforma que habían empezado a integrar esa función en sus flujos de trabajo.

La generación de vídeo con IA como categoría no desaparece. Runway, Pika y otros competidores siguen en el mercado. Pero la salida de OpenAI, que tenía el modelo técnico más avanzado y el respaldo de marca más grande, es una señal de que el camino hacia la monetización de esa tecnología en formato de app de consumo es más difícil de lo que el hype de 2024 sugería.

¿Crees que OpenAI tomó la decisión correcta al cerrar Sora o perdió una oportunidad real? Cuéntamelo en los comentarios.

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