Un año de aranceles Trump a la tecnología: cómo la guerra comercial reconfiguró la industria y qué viene ahora


El 2 de abril de 2025, la administración Trump anunció sus aranceles "recíprocos" y sacudió los mercados globales con una violencia que no se veía desde la pandemia. Un año después, el balance para la industria tecnológica es complejo: algunos de los peores escenarios no se materializaron, Apple no subió el precio del iPhone, las exenciones llegaron a tiempo para evitar el caos inmediato, pero la reconfiguración de las cadenas de suministro está en marcha y sus efectos más profundos están aún por llegar.

Lo que pasó en el primer año y lo que Apple hizo para que no lo notaras

Cuando los aranceles se anunciaron, los analistas proyectaron subidas del precio del iPhone de entre el 10% y el 40% en el mercado estadounidense. Nada de eso ocurrió. Apple tomó una decisión que le costó miles de millones: absorber el golpe internamente en lugar de trasladarlo al consumidor. La compañía fletó aviones cargados de iPhones desde India para llenar almacenes antes de que los aranceles entraran en vigor, reorganizó a marchas forzadas su cadena de suministro trasladando parte de la producción a Vietnam y la India, y pagó directamente más de 2.000 millones de dólares en aranceles durante el año. El impacto en el segundo trimestre de 2025 fue de 900 millones, lejos de los escenarios más catastrofistas.

La historia tuvo un giro inesperado el 20 de febrero de 2026, cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró ilegales los aranceles recíprocos originales por una sentencia 6-3, argumentando que imponer aranceles sin aprobación del Congreso excede la autoridad presidencial. Para Apple el dinero pagado no volvió, pero al menos dejó de irse. Trump respondió en menos de 24 horas con nuevas medidas y la batalla continúa.

El frente de los semiconductores: donde el impacto es más grave

Si los dispositivos de consumo sobrevivieron relativamente bien gracias a las exenciones, el mundo de los chips es otra historia. En agosto de 2025, Trump anunció un arancel del 100% a todos los semiconductores importados que no se fabriquen en Estados Unidos, con una exención para las empresas que se comprometan a fabricar en suelo americano. El anuncio generó confusión inmediata: construir una fábrica de chips de última generación tarda entre dos y tres años y cuesta decenas de miles de millones de dólares. No hay forma de cumplir esa condición a corto plazo.

El impacto estimado en los presupuestos tecnológicos de las empresas es de una subida de entre el 15% y el 25% en el precio del hardware de servidor en los próximos 6 a 18 meses, según analistas de TechInsight, con incrementos acumulativos de hasta el 30-40% en sistemas que usan chips avanzados fabricados en Asia. Las empresas europeas, que dependen de TSMC y Samsung para sus necesidades de semiconductores, se encuentran en un territorio especialmente incierto.

Lo que viene: aranceles a chips IA, tensión con Europa y el efecto cascada

La próxima frontera del conflicto es la inteligencia artificial. Trump ha deslizado la posibilidad de aranceles específicos a los chips de IA importados, lo que afectaría directamente a NVIDIA y a cualquier empresa que utilice aceleradores fabricados fuera de Estados Unidos. En Europa, la Comisión Europea observa con atención un escenario en el que la European Chips Act, diseñada para llevar la producción europea al 20% del mercado global para 2030, podría quedar en entredicho si la guerra comercial distorsiona los incentivos de inversión. El IBEX español ha sido el índice europeo con mejor comportamiento en el año posterior al "Día de la Liberación", subiendo un 32%, pero la incertidumbre regulatoria sobre el sector tecnológico sigue siendo alta. La industria no ha terminado de adaptarse. Las cadenas de suministro más diversificadas que el mundo jamás ha intentado construir están en proceso, y su coste lo pagará alguien. La pregunta es cuándo y quién.

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