El apagón del 28A: ¿desastre inesperado o negligencia planificada?

Lo que se vendió como un “incidente excepcional” fue en realidad el desenlace anunciado de una red eléctrica que ya venía tambaleándose. España no sufrió un apagón por culpa del sol o del viento, sino por no escuchar a quienes advirtieron que la estabilidad del sistema se estaba erosionando. Aquí desmontamos el relato técnico y buscamos a los verdaderos responsables.


🔌 Parte I – Análisis técnico: crónica de un colapso anunciado

¿Qué ocurrió exactamente el 28 de abril?

A las 12:33 h, la red eléctrica española sufrió una pérdida súbita de 15 GW de generación, es decir, un 60 % de toda la demanda peninsular en ese momento. El sistema colapsó de forma parcial en cuestión de segundos. Según Red Eléctrica Española (REE), la causa fue una “oscilación muy fuerte en los flujos de potencia”, que provocó la desconexión automática del sistema español del resto de Europa.

📎 Fuente – RTVE: REE descarta ciberataque como causa del apagón

Este tipo de oscilaciones no se produce por arte de magia. Vienen precedidas de condiciones técnicas que ya estaban documentadas, simuladas y advertidas desde hace años.


El verdadero talón de Aquiles: una red sin músculo

Un sistema eléctrico estable necesita inercia síncrona: masa girando (como en turbinas hidráulicas, térmicas o nucleares) que amortigüe variaciones bruscas de frecuencia. Las renovables modernas (solar y eólica), al estar conectadas a través de inversores electrónicos, no aportan inercia real, a menos que se implementen tecnologías adicionales (inercia sintética, convertidores “grid-forming”, condensadores síncronos...).

Ya en 2022, un estudio técnico liderado por la Universidad de Oporto y el centro INESC TEC demostró que el sistema ibérico era uno de los más vulnerables de Europa a estos problemas por su escasa interconexión y alta penetración de renovables.

📎 Fuente – arXiv: Estudio sobre reducción de inercia en la Península Ibérica

“Un corte de generación de 1 GW como el que se produjo en España en 2011 podría, en 2040, desencadenar un apagón masivo si no se incorporan medidas de estabilización urgentes.”
Sousa Fernandes & Peças Lopes, IREP Symposium 2022

El modelo utilizado, validado con el apagón de la central de Almaraz en 2011, demuestra que si se sigue retirando generación síncrona sin compensación, un fallo puntual puede provocar un efecto dominó irreversible.


¿Y qué hay de los días previos?

El colapso del 28A no fue el primer síntoma. El 22 de abril, Repsol detuvo una refinería en Cartagena por problemas eléctricos "consecuencia de un fuerte desajuste externo en el sistema eléctrico" según palabras de Repsol, posiblemente vinculados a inestabilidades similares.

📎 Fuente – El Periódico de Ceuta: Repsol alerta de un fallo eléctrico que paralizó su refinería de Cartagena

Además, el 28 de marzo ya se detectaron oscilaciones significativas en la red. Se tuvo que desconectar parte de la generación renovable para proteger los equipos ante la pérdida de sincronización, generando picos de tensión y cortes puntuales.

📎 Fuente – Kernel Reload: ¿Demasiado sol? El apagón del 28 de abril y las preguntas incómodas sobre nuestra red eléctrica


🧨 Parte II – ¿Quién es responsable? Porque el sol no firma BOEs

1. Gobierno y reguladores (CNMC, Ministerio de Transición Ecológica)

Nivel de responsabilidad: Altísimo
Impulsaron una transición energética acelerada sin exigir ni implementar sistemas de compensación técnica, como inercia sintética, baterías o control de calidad de red.
En lugar de planificar, confiaron en que todo “funcionaría solo”.


2. Productores renovables

Nivel de responsabilidad: Alto
Conectaron plantas a la red sin invertir en sistemas que estabilicen la frecuencia.
La ley no se lo exigía, y optaron por rentabilidad a corto plazo frente a resiliencia.
Muchos parques operan con inversores que “siguen la red” pero no aportan estabilidad.


3. Red Eléctrica Española (REE)

Nivel de responsabilidad: Medio
Llevan tiempo advirtiendo de la fragilidad del sistema, pero su capacidad legal para imponer condiciones es limitada. Aun así, no supieron evitar el colapso ni activar mecanismos que amortiguaran el efecto cascada del 28A.


4. Empresas distribuidoras y consumidores

Nivel de responsabilidad: Baja
No son decisores del sistema, pero sufren sus consecuencias. Muchos consumidores ni siquiera saben que sus placas no ayudan a estabilizar la red, solo a inyectar energía.


5. Medios de comunicación y relato público

Nivel de responsabilidad: Cultural
Han contribuido a simplificar el debate en un binomio: “renovables = bien / fósiles = mal”. Pero no han explicado que la clave no es solo qué energía usas, sino cómo la integras técnicamente en una red diseñada en el siglo XX.


🧱 Conclusión: cuando las advertencias no caben en un tuit (ni en una comisión de investigación)

Este apagón no fue un accidente, fue el resultado predecible de una negligencia estructural. Las señales estaban ahí: estudios técnicos, oscilaciones registradas, informes internos, avisos de operadores. Pero nadie quiso asumir el coste político ni económico de adaptar la red a una generación sin músculo.

Ahora el Gobierno anuncia una investigación, pero ya conocemos el guion: una pantomima burocrática que se diluirá en el tiempo. Nadie publicará un informe donde cada parte asuma su culpa. No habrá dimisiones. No se cambiarán normativas con urgencia. Solo silencio, olvido y rueda de prensa.

Mientras se recita el mantra de “transición energética justa”, lo que tenemos es una red eléctrica injustamente olvidada. Y aunque el sol no firme BOEs, alguien debería firmar de una vez las responsabilidades. Porque lo que pasó se sabía. Y lo que se sabe, pero no se evita, no es un error: es una decisión.


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