Bienvenidos a la tragicomedia del año: Katy Perry, la estrella pop que pensó que ir al espacio era una buena idea para revivir su marca personal. Spoiler: no lo fue.
El show de los 11 minutos
Katy se subió al New Shepard de Blue Origin en lo que se vendió como el primer vuelo suborbital con tripulación exclusivamente femenina. Todo muy “empoderamiento cósmico”, hasta que vimos a la diva agitando una margarita en gravedad cero y entonando What a Wonderful World. No fue inspirador, fue una parodia de sí misma.
El viaje, que costó 28 millones por cabeza, duró lo mismo que calentar una pizza en horno eléctrico. Pero suficiente para reventar Twitter, TikTok y la paciencia del público.
¿Salvar el planeta desde 100 km de altura?
Perry ha sido embajadora de causas ecológicas. Irónico que su tour espacial emitiera entre 75 y 1.000 toneladas de CO₂ por pasajero, según estimaciones. Más que lo que tú emites en un año entero. ¿Y qué hace ella después de aterrizar? Besar el suelo como si volviera de la guerra. Pero no había guerra. Solo cámaras.
Lauren Sánchez (pareja de Jeff Bezos) y la periodista Gayle King la acompañaron en este “cohete de la sororidad” que acabó siendo un meme volador. Perry ahora se arrepiente, pero no por el impacto ambiental: por el “cringe”.
El backlash de manual
La reacción fue tan predecible como brutal. Emily Ratajkowski la acusó de hipocresía. Wendy’s se sumó a la fiesta con un tuit sarcástico: “¿Podemos enviarla de vuelta?” Hasta los fans más fieles se desconectaron como módem en tormenta.
La cantante, según fuentes, no midió el calibre de la bofetada mediática. El vídeo de su interpretación en microgravedad ahora vive eternamente en el Olimpo del ridículo de YouTube.
¿Una carrera en caída libre?
Desde Witness (2017), Katy no levanta cabeza. Cada intento de reinvención —desde su etapa “mamá influencer” hasta su residencia en Las Vegas— ha sido un giro más en su espiral descendente. Este vuelo era, teóricamente, su nuevo “comeback”. Pero terminó siendo la prueba definitiva de que ya no conecta ni con la Gen Z ni con los millennials nostálgicos.
Lo que nadie te cuenta sobre esto
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El impacto climático de Blue Origin se oculta tras la narrativa del “vapor de agua”. Pero sí, también se emite CO₂, y en cantidades indecentes por pasajero.
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Katy no cobró por el vuelo. Es decir, no fue promo pagada. Fue un regalo de Bezos. Eso duele más.
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La “sorpresa” del backlash fue real. El equipo de Perry esperaba un especial de Netflix, no un desastre de relaciones públicas.
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Ya hay agencias de branding analizando el caso como ejemplo de cómo no usar un hito tecnológico para reposicionar una marca.
Conclusión: cuando el viaje te sale más caro que el billete
Katy Perry no fue al espacio. Su ego sí. Y volvió chamuscado. Pero tranquilos, si quiere recuperar el "éxito musical" solo necesita empezar a cantar Reguetón.

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