La Semana Santa se reinventa… con filtros. Mientras algunos se emocionan al ver a la Virgen del Rocío flotando por su salón gracias al móvil, otros claman al cielo (literalmente). Las procesiones en realidad aumentada ya están aquí, y no han dejado indiferente a nadie. ¿Estamos ante el futuro de la devoción o ante un despropósito con aroma a marketing?
La fe se digitaliza, nos guste o no
No hablamos de simples vídeos en TikTok. Las nuevas propuestas incluyen apps que permiten ver pasos religiosos en 3D, recorrer itinerarios virtuales o incluso escuchar saetas con sonido envolvente desde el sofá. Todo desde el smartphone y con un objetivo claro: llevar la experiencia procesional a quienes no pueden vivirla en la calle.
Y sí, también hay selfies con nazarenos virtuales. Porque ya que estamos…
Realidad aumentada en Semana Santa: ¿a quién se le ocurrió esto?
Aunque parezca cosa de Silicon Valley, la idea ha salido de aquí. Startups andaluzas, universidades y hasta cofradías innovadoras están experimentando con tecnologías inmersivas para acercar la Semana Santa a nuevos públicos: jóvenes, turistas, personas con movilidad reducida, emigrantes… o simplemente curiosos digitales.
Algunos ejemplos:
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“Pasión RA”, una app que permite ver los pasos de Sevilla en cualquier lugar del mundo.
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Experiencias con gafas de realidad aumentada en centros culturales de ciudades como Málaga o Córdoba.
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Recreaciones históricas de procesiones antiguas que ya no existen, gracias a archivos digitalizados y modelado 3D.
¿Una nueva forma de conectar… o una banalización?
Los defensores de esta tendencia apelan a la accesibilidad, la difusión cultural y el respeto por las tradiciones desde un nuevo ángulo. Pero también hay críticas –y no pocas– que acusan estas iniciativas de convertir la fe en espectáculo, trivializar lo sagrado o directamente hacer el ridículo.
El debate recuerda al que generaron las misas en streaming durante la pandemia. ¿Pierde algo lo espiritual cuando se digitaliza? ¿O simplemente evoluciona?
Tecnología y tradición: condenadas a entenderse
La realidad aumentada no va a sustituir el olor a incienso ni el retumbar de un tambor en una calle estrecha. Pero puede complementar, enriquecer y, por qué no, emocionar desde lo digital. La clave está en cómo se utilice: con respeto, con contexto y con sentido.
Porque una cosa está clara: si hay algo que ha demostrado la tecnología es su capacidad para reavivar pasiones… o levantar ampollas.

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