En un giro inesperado digno de un regreso al siglo XX, Uber —sí, esa empresa que hizo su fortuna con la promesa de un futuro sin efectivo ni taxis viejos— ha empezado a permitir pagos en cash en casi todo el Reino Unido. Excepto, claro, en Londres, donde aún se lo están pensando… porque si algo define a Uber, es su tendencia a moverse rápido, salvo cuando no le conviene.
Del “todo digital” al billete doblado en el bolsillo
Durante años, si querías pedir un Uber, necesitabas una tarjeta, una cuenta, un móvil, una app, un email, y preferiblemente una suscripción a Uber One. Ahora, bastará con tener cinco libras arrugadas en la cartera. Lo nunca visto.
La empresa ha extendido esta opción tras pruebas en Birmingham, Nottingham, Stoke y Leicester, y la razón es bastante obvia: no todo el mundo tiene tarjeta o prefiere evitar dejar rastro digital. Lo sorprendente es que Uber haya escuchado a alguien más allá de Silicon Valley.
¿La revolución? No. Es pura necesidad
Este cambio no es un gesto progresista. Es una reacción defensiva a un clima social que empieza a reconocer que la desaparición del efectivo deja a los más vulnerables en la cuneta.
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Personas con discapacidades cognitivas.
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Mayores sin acceso (o confianza) en sistemas digitales.
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Víctimas de violencia económica o de género que usan el efectivo como forma de escapar sin ser rastreadas.
Como dijo Sam Smethers, directora de Surviving Economic Abuse:
“Es una cuestión de vida o muerte. Cada transacción digital puede ser monitoreada por el abusador.”
Uber, cash y control de daños
Eso sí, Uber no obliga a sus conductores a aceptar efectivo. Pueden desactivarlo desde su app si se sienten incómodos cargando con dinero. Y si no hay cambio, Uber se lo compensa al pasajero en forma de crédito (una solución elegante, aunque claramente más favorable para la empresa que para el trabajador).
Por ahora, la opción de pagar en cash no aplica a Uber Eats ni a otros servicios dentro de la app. Porque claro, una pizza en efectivo es demasiado disruptivo.
Lo que nadie te cuenta sobre esto
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Uber ha permitido pagos en efectivo en varios países en desarrollo desde hace años. Lo de Reino Unido es solo “nuevo” para su imagen en economías occidentales.
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Este movimiento pone en evidencia que la obsesión con lo digital como única vía es más ideológica que técnica.
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El efectivo molesta a gobiernos y empresas porque no se puede rastrear ni monetizar tan fácilmente. No hay comisión para el banco, ni datos para el algoritmo, ni historial para perfilarte. Y eso les escuece.
Conclusión clara (y en billetes):
Uber no ha tenido una epifanía humanista. Ha reaccionado ante la presión de la realidad social: hay gente para la que el cash no es una opción, sino un salvavidas. Y forzarlos al 100% digital es, en muchos casos, condenarlos al aislamiento o al abuso.

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