El 3 de septiembre, a las cinco de la tarde en España, se me cayeron ChatGPT, Claude y Grok casi al mismo tiempo. No uno detrás de otro por una reacción en cadena lógica: los tres, en una ventana de minutos, devolviendo error 404 o respuestas a medio generar. Miles de usuarios lo reportaron esa misma tarde en España, y muchos más en Estados Unidos, México y el resto de Latinoamérica.
Llevo meses repartiendo mi trabajo entre varios proveedores de IA a propósito. Uno para redactar, otro para revisar código, otro de respaldo cuando el primero satura o cambia de precio sin avisar. Me parecía una estrategia razonable: si Anthropic tiene un mal día, tiro de OpenAI; si OpenAI sube tarifas o cambia límites sin previo aviso, Claude sigue ahí. Multiplicar proveedores como quien reparte el ahorro entre varios bancos. El 3 de septiembre esa lógica se rompió en diez minutos.
Lo incómodo del apagón no es que fallara un servicio. Es que fallaron tres empresas que se venden como rivales directos, con modelos, infraestructura y equipos de ingeniería en teoría independientes, casi a la vez. Anthropic dijo haber identificado la causa y no dio detalles. OpenAI ni siquiera eso. La explicación que más circuló en foros técnicos, un proveedor intermedio compartido o una vulnerabilidad sistémica común, es justo la que debería preocupar a cualquiera que crea que diversificar entre marcas equivale a tener un plan B real.
Porque no lo es. Google Cloud, AWS y Azure sostienen buena parte de la capa que hay debajo de estos modelos, y la cadena de suministro de chips tiene los mismos dos o tres nombres en cualquier proveedor que elijas. Puedes cambiar de interfaz, de precio y de política de uso. No cambias de dependencia real.
Lo he dicho aquí antes al hablar de la guía definitiva de self-hosting: la única redundancia que de verdad protege es la que no depende de que un tercero decida mantener sus servidores encendidos. Con la IA pasa lo mismo, aunque cueste más aceptarlo porque los modelos locales van varios escalones por detrás de lo que ya hacen los agentes de IA que operan dentro de las empresas sin que nadie lo haya decidido del todo. Un modelo abierto corriendo en tu propio hardware es más lento, más limitado y más caro de mantener. También es tuyo. No se cae porque a mil kilómetros un proveedor intermedio tenga un mal día.
No voy a fingir que voy a mudar mañana todo mi flujo de trabajo a un modelo local. Sería mentira y quedaría fatal en una columna de opinión. Pero sí he dejado de contarme el cuento de que usar tres IA de compañías distintas es una estrategia de resiliencia. Es, como mucho, una forma de repartir la factura.
La próxima caída simultánea llegará, porque la arquitectura que hay debajo no ha cambiado desde el 3 de septiembre. Y cuando llegue, la pregunta que de verdad importará no será cuál de las tres volvió antes. Será por qué seguíamos llamando plan B a tener el mismo problema con tres logos distintos.
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