Los viernes de KernelReload: el año en que empecé a dudar de mis propias lecturas


Llevo meses leyendo sobre IA de forma casi compulsiva. Artículos técnicos, entrevistas, papers que entiendo a medias, hilos de Mastodon y Bluesky donde gente muy lista dice cosas contradictorias con la misma seguridad. Y he llegado a una conclusión incómoda: no sé quién creerme.

No lo digo como reflexión profunda. Lo digo de forma bastante literal. En los últimos tres meses he leído argumentos sólidos de que los modelos de lenguaje actuales están llegando a un techo de escalado. Y argumentos igualmente sólidos de que ese techo no existe o que ya se está esquivando con técnicas de razonamiento. Ambos bandos tienen nombres reconocibles, trayectorias reales, papers citados.

El problema es que esta vez no es como el debate de si Linux llegará al escritorio masivo, que lleva décadas sin resolverse de forma que importe. Aquí hay decisiones reales encima de la mesa. Si el escalado se acaba, la apuesta de miles de millones en infraestructura que están haciendo Microsoft, Google, Amazon y compañía es una locura de proporciones históricas. Si no se acaba, los que se queden fuera de esa infraestructura van a tener un problema competitivo serio en unos años.

Lo que me parece más honesto reconocer es que en tecnología, la velocidad a la que ocurren las cosas ha superado la capacidad de análisis razonado. Cuando un modelo nuevo sale cada semana y cada uno redefine qué es posible o imposible según el paper de turno, el periodismo y el análisis tecnológico han entrado en modo reactivo permanente. Yo incluido.

Antes podías leer una pieza larga en enero y que siguiera siendo relevante en marzo. Ahora hay artículos de hace cuatro meses que suenan a prehistoria. Eso no es bueno para nadie que intente entender qué está pasando en lugar de solo saber qué pasó.

No tengo solución. Pero me parece que reconocerlo es más útil que fingir que el análisis de la semana pasada sigue vigente.

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